Inspirado en un funeral al que no pienso acudir: el mío.
Con tristeza miro pasar los días;
ya no distingo la oscuridad
de la luz del día.
Me cuesta despertar
con la cabeza confusa,
dando vueltas
si intento abrir los ojos.
Mis ideas son puras tonterías,
sueños e ilusiones,
mi presencia es inútil,
me siento como un fantasma.
Ya nada importa:
lo que gano, lo que gasto,
si he comido
o si me siento mal.
este dolor del pecho
se ha extendido hasta el brazo:
Dios, por favor
que no sea un infarto.
Que no sea mi pasado
cobrando viejas deudas
que no sea mi presente
dejándome sin cuerdas.
Que no sean mis locuras
preparándose para
hacerme vivir a oscuras.
Y tú te vas,
poco a poco,
entre penumbras.
No te quiero ver morir:
yo sé que ya es tu tiempo
pero por favor
que no me toque a mí.
Yo te cuido por las noches,
me acerco a ti:
quiero ver
si aún respiras
pero te juro
que al que le cuesta respirar
es a mí.
No te quiero ver morir.
Todo esto es mi culpa,
lo pude evitar.
La desidia y el desprecio
me impidieron actuar.
Y la sangre por aquí,
escurriendo entre mis manos,
por mis brazos
y en mi ropa.
Ya no quiero vivir a esta velocidad.
Ya no quiero.
Mi conciencia
me ha dejado dormir.
Creo que ahora
soy incapaz de sentir.
Y qué interés en contemplarte,
tomar tu mano
y decir que me importas,
si no te quiero ver morir,
si no quiero vivir
a esta velocidad.
Creo haberlo asimilado,
creo haberme preparado
para cuando ya no esté (s).
Pero cuando ya no esté (s)
el mundo se me vendrá encima,
la tormenta se avecina,
en la miseria,
en la nostalgia,
tú siempre fuiste
lo mejor.
Y no te quiero ver morir
si vives
a esta velocidad.
Tu cara,
tu cuerpo,
la vida que se escapa
con el paso
del tiempo.
La crueldad
de no saber el día,
mi nombre y mi cariño...
los golpes de la vida,
la sangre de la herida.
No te quiero ver morir.
Para cuando tú no estés,
no sé qué voy a hacer
con mi tiempo,
mi dinero,
mis poesías.
Mis lecturas,
con el alma atormentada,
el malestar
y los recuerdos del dolor.
Miro el calendario,
miro hacia el pasado
la fecha exacta,
el mes de abril,
que comenzó la destrucción,
que comencé a morir.
Maldito cáncer que haces mierda lo que tocas.
Pero no te quiero ver morir.
Me trataste como extraño,
se te olvidó el pasado.
Maldición es destrucción,
y no me quiero ver morir.
Ya me cansé de vivir a esta velocidad,
de vivir cual papalote,
sin dirección,
sólo pensando en destrucción.
Para cuando ya no esté (s)
he reservado mi llanto
y una botella de whisky.
Todo me hace daño:
yo mismo busqué la destrucción,
a sabiendas que fue
por miedo y diversión.
Tratando de meterme a fuerzas
en un mundo que me despreció,
Para cuando tú no estés,
tal vez me voy a hincar y rezaré.
Descansa,
que lo malo
yo lo viviré por ti.
El sacrificio y la podredumbre,
yo las viviré por ti,
para que te vayas al cielo
para que encuentres consuelo
buscando a tu Dios.
Adiós.
Para cuando ya no estés, mi niño,
cerraré mi garganta
de tanto fumar.
Mutilaré mis dedos
con las cuerdas de la guitarra.
Para cuando ya no estés,
me sentaré a llorar la vida.
No tendré salida,
no tendré comida,
no tendré la herida
del vicio y la ambición.
Sólo me quedarán
el blues y el rock.
Para cuando tú no estés,
vayas donde vayas,
tu recuerdo aquí estará, niño mío.
Las raíces
siempre me acompañarán.
Maldito cáncer.
Tu ejemplo
y tu necesidad.
Nunca solo voy a estar
aunque ningún cuerpo
pronuncie mi nombre.
Ni siquiera bajo la lluvia
dejaré de pensar en ti.
Ni siquiera con su estruendo
dejaré de pergeñar,
que para cuando tú no estés,
no me voy a presentar
ni al entierro
ni al funeral.
Porque con tu bondad,
sólo el cielo puedes esperar,
en tus sueños y tu bienestar,
sólo lo mejor te puede pasar.
Para cuando tú no estés,
me voy a meditar.
Nunca quise lastimarte,
porque el amor no lastima,
y sin embargo,
tus únicas lágrimas,
las más sinceras,
las que dolieron bien adentro,
fueron por mí.
Te juro que nunca quise
hacerte daño,
pero hubo días
que todo salió mal.
Y nunca, por favor,
me vayas a olvidar,
que ya me cansé de pasármela
viviendo a esta velocidad.
Miraré la playa,
la puesta del sol,
fumaré un habano en tu honor,
viviendo a esta velocidad,
acostumbrándome a la ansiedad.
Hoy,
sólo me avergüenza mi desnudez.
Pero qué mierda,
qué estupidez,
si nadie es inmune al cáncer,
a la velocidad,
a las nubes
y a las sonrisas que no sirven de nada.
Santa Mónica viuda,
Madre de San Agustín,
cúbreme de bendiciones
que ya me voy a morir.
Requiescat in pace, ab imo pectore.
Ciudad de México, la vida pesa, mucho.
Septiembre del 2011.
Extraño bien cabrón a Julio Revueltas. Y a mi sobrino Leo.